A cuatro años de la partida de Themo Lobos: “Las revistas quedan y los premios se olvidan”

Julio 25, 2016 12:55 pm Por
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Tres de los personajes dibujados por Themo Lobos que hasta hoy son reconocidos por distintas generaciones: Mampato, Ogú y Rena.

El gran consejo de Themo Lobos para los creadores era “que lean mucho, que lean de todo. Si les gusta mucho la lectura, van a tener asegurada la posibilidad de crear argumentos entretenidos, interesantes, porque van a tener un acervo cultural más amplio. Lean todo lo que les caiga en las manos (…) Y miren a los artistas, a los grandes artistas”.

Hace ya cuatro años, el 24 de julio de 2012, partió Temístocles Nazario Lobos Aguirre, el nombre con el que nació este dibujante cuya carrera se extendió por más de seis décadas. No obstante, su legado ha seguido vivo por distintos medios: el papel, la Web, y en la admiración y amor de sus descendientes y seguidores.

Lobos -o simplemente Themo, como lo conocen sus admiradores- había nacido el 3 de diciembre de 1928, en Santiago, en la comuna de San Miguel. Sus primeras publicaciones fueron en la revista “Pobre Diablo”, en la sección de colaboraciones de los lectores, en 1946. Comenzaría su trabajo como dibujante profesional en el Diario La Nación, con la creación de sus dos primeros personajes: Ferrilo, el autómata, y Homero, el piloto.

Si bien estudió en la Academia de Bellas Artes y en la Escuela de Artes Aplicadas, Themo confesó que “no había ningún lugar donde enseñaran historieta. Así que soy autodidacta como el 99% de los dibujantes. Ellos no han estudiado, es pura cachativa”.

Entre las publicaciones que recibieron el talento del artista figuran “Barrabases”, “El Pingüino” y “Topaze”. En 1965, fue el creador de “Rocket”, en 1980 de “Ogú”, en 1986 de “Cucalón” y en 1991 de “Pimpín”.  Sin embargo, el trabajo que marcó a muchas generaciones fue el que desarrolló en “Mampato”, revista creada en 1968 por otro de los mejores ilustradores nacionales, Eduardo Armstrong, y en la que permaneció hasta su desaparición, en 1978.

Themo fue el heredero de la creación de Armstrong, Mampato, un niño que gracias a su cinto espacio-temporal podía viajar por el tiempo. Luego que en los primeros dos números el trabajo artístico fuera tarea de Oskar Vega y los guiones estuvieran a cargo de Armstrong, Lobos recibió el control completo de la serie, creando en ésta personajes como el cavernícola Ogú y la niña telépata del siglo 40, Rena.

Son personajes que me retratan en mi ambición intima de tener aventuras. Desde chico mi gran ambición era poder viajar, poder conocer el futuro”, compartió. “No pierden actualidad, porque las aventuras no son atadas a una época fija o a una época especial”.

Por supuesto que la creatividad de Themo no se circunscribió solamente a Mampato y a Ogú. Sería injusto no mencionar a personajes como Alaraco, Máximo Chambónez, Nick Obre, Cucufato, Ñeclito, Dolche Vita y Martín Conejín. Así como Alaraco fue llevado a la televisión, en el programa el “Jappening con Já”, Mampato y Ogú llegaron a la pantalla grande con “Ogú y Mampato en Rapa Nui”, en 2002.

Para Themo, la película “tenía buena edición y animación, pero me traicionaron con el argumento. El argumento verdadero es el de la historieta, pero en la película le inventaron una especie de demonio que sale del medio de la tierra y que no tiene nada que ver”. Peor aún, remarcó que “no pagaron un centavo de derecho de autor, la vendieron en todas partes, se compraron un edificio para instalar un estudio de animación y a mí me dijeron que la película no había tenido ganancias. No quise hacer pleito ni meterme en disputas. Fue no más, pero no di mi autorización para hacer ninguna otra”.

Es que Themo era un caballero. Por eso, acusaba que “es una tontería el garabato porque sí. Por ejemplo, los cómicos de la tele no pueden hablar sin decir una grosería. Es una manía muy estúpida”.

En uno de sus últimos testimonios, afirmó que “me da rabia ver talento que no tenga dónde desarrollarse, no hay revistas, no tienen dónde trabajar. Por mucho que haya Internet y que estén medio enviciados, los niños de todos modos prefieren las historietas, las leen, las releen, se quedan dormidos con ellas (…) hacer esto es mejor que ganar el premio nacional, porque las revistas quedan y los premios se olvidan”.

Universidad UNIACC