Ana Reeves, decana de Universidad UNIACC: “Mi primera actuación fue de angelito con alitas de papel crepé”

Febrero 4, 2013 10:32 pm Por
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Egresó  a los 16 años del colegio y entró de inmediato a la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. El 1 de febrero de 2013 terminó de filmar su más reciente película en la que por primera vez es la protagonista: “Desastres Naturales”, bajo la dirección de Bernardo Quesney. Ella es Ana Reeves, decana de la Facultad de Artes de la Comunicación de UNIACC.

Bernardo Quesney me dijo que estaba siendo asesorado por Pedro Peirano para hacer su guion y que él pensaba que el rol protagónico era para mí. La filmación duro 9 días, en un colegio polivalente de Buin, el Colegio Los Guindos. Fue un agrado estar grabando en un ambiente donde la gente nos acogió tan bien”, explica la autoridad académica de UNIACC.

-¿Usted aceptó esta película porque la convenció el guion?

Leí el guion y me pareció que Bernardo tenía mucha claridad en lo que quería hacer. Me gusta mucho trabajar con gente que está empezando con sus óperas prima.

-¿Por qué?

Porque cuando piensan en ti es porque te necesitan, porque están con todas sus energías y hay que apoyar esa energía. Ellos te dan una energía a ti que ni te contaré. Me pareció tan bonito estar dirigida en la película por Bernardo, quien de pronto me daba indicaciones con mucha delicadeza, pero muy acertadas. Para mí eso fue muy importante.

-¿Cuál es la premisa de esta película?

Es una comedia situacional, no es que alguien se esté haciendo el chistoso. Es como la vida, con tintes de comedia. En el fondo es un gran drama, es una reflexión sobre qué significa realmente el ser utilizado en la vida: el ser utilizado siendo joven, siendo viejo, siendo mediano, cuál es el uso que se tiene de los  seres humanos y para qué. Trata sobre la utilización, la valoración y la desvalorización del ser humano.

-¿Cómo vincula su participación en esta cinta con su rol de académica en UNIACC?

Como una potencialidad, como que estamos todos haciendo, en las carreras artísticas uno nunca termina de hacer, nunca termina de aprender. El poder trabajar en conjunto es algo maravilloso, entender que las cosas que transmito a los alumnos son ciertas, como la humildad. No porque fuera mayor me iba a imponer frente a un director joven, era al revés, tenía que tener la humildad para dialogar con él. Yo estaba al servicio de su creación y eso es lo que tenemos que entender siempre como artistas. Todo el equipo era gente muy joven, lo pasamos muy bien y nos reímos mucho. Para mí eso fue muy valioso, como ser humano y como artista. Son trabajos comunicantes, no es que uno ordena y el otro acata, se dialoga. Eso es lo que me gustaría transmitir, que hay que dialogar. Tanto las cosas académicas, como en la vida, para comprenderse, crear y ser mejores personas.

-La primera vez que usted participó en cine fue con “Operación Alfa”, en 1972.

Sí, aunque en realidad la hice antes. Luego hice una película con Raúl Ruiz, “La colonia penal”, la que Luis Alarcón me dijo que habían dado en Europa. Nunca la vi.

-¿Qué puede compartir de su trabajo con Raúl Ruiz?

Era muy loco lo que me hizo hacer, era un monólogo. Él mismo me llamó. Fue muy bonito, pero yo le tenía como susto, porque era muy serio y yo no había conocido gente así. Yo estaba acostumbrado a trabajar con gente que te iba diciendo cosas, pero él te miraba o te escuchaba simplemente, lo que de pronto me producía una sensación de susto. A  lo mejor hasta me cortó la parte en que salía y ni estoy en la película (risas).

“Yo a los artistas los he visto morirse de cáncer y montones de cosas, pero nunca de hambre. Tú eres tu propio empresario y tú te tienes que gestionar. Esto es trabajo, trabajo y más trabajo”.

-¿Qué diferencias siente que existen entre trabajar en cine hace más de 40 años con hacerlo hoy?

Más que nada el aspecto técnico, pero también depende mucho del director. Creo que ahora tengo más conciencia de lo que es hacer cine. Las primeras veces no tenía ninguna conciencia, simplemente actuaba. Por ejemplo, no tenía idea de lo que era una continuidad emocional.

-En ese sentido, ¿cuál es la importancia de estudiar teatro?

Es súper valioso, porque te da muchas herramientas. Si eres autodidacta, llega un momento en que se te agotan los recursos. Hay gente que no tiene mucho talento y actúa, pero siempre están en la misma cuerda. La pila se agota y llega un momento en que tienen que haber leído más que un par de libros, tienen que saber del buen cine, tienes que alimentar tu alma y tu ego. Siempre les digo a los alumnos que estudien, porque pasar por distintas manos de distintos profesores es lo que te va a pasar en la vida, al pasar por las manos de distintos directores.

-Cuando niña y cuando joven, ¿a usted le gustaba leer?

Mucho. Leía cualquier cosa que se me pasaba por delante y  a veces cosas que ni entendía. Había una biblioteca en mi casa y leía cosas como de filosofía, ¡y no entendía nada! Así, por ejemplo, agarré a Kierkegaard. Las excusas para leer no faltaban. No había tele, no había computación, sólo cine, y uno no iba todos los días. A mi casa  llegaban los Reader’s Digest y revistas religiosas, porque eran muy religiosos.

-En su visión, ¿qué tan importante es la lectura para un actor o actriz?

Es muy importante, pero no es “obligatoria”, así, entre comillas. Si tienes en mente ser actor, vas a leer porque vas a tener que investigar. Nadie va a poder hacer un personaje si no entiende en qué época está pasando tal obra.  Necesitarás aprender a aprender y tratar de saber un poquito más, así cae solita la necesidad de aprender. La lata es que muchas veces en los colegios les enseñan a leer por obligación y nada que no tenga un objetivo tiene sentido.

-¿Desde cuándo le interesó actuar?

Creo que nací con esto, venía en el gen. La primera actuación creo que fue de angelito con alitas de papel crepé, a los cinco años.  Siempre estuve en esa, pero no me había dado cuenta de que era una profesión. Cuando supe que era una profesión no podía creerlo.

-¿Cómo tomó su familia su inquietud por el teatro?

En la época mía era mal visto, por un asunto casi moral. Era casi inmoral ser artista, porque te ibas a meter en la bohemia. Pero ahora el discurso es “te vas a morir de hambre”. Yo a los artistas los he visto morirse de cáncer y montones de cosas, pero nunca de hambre. Tú eres tu propio empresario y tú te tienes que gestionar. Esto es trabajo, trabajo y más trabajo.

-¿Usted es tímida?

Yo creo que, en el fondo, sí. Me costó mucho empezar a salir fuera de mi mí misma. Yo creo que uno se para arriba del escenario para ocultarse de uno mismo.

-¿Qué puede decir de su primer trabajo como actriz?

Estaba en segundo año de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica, cuando hice “Casimiro Vico, primer actor” (de Armando Moock), una gran obra de teatro. Tenía un rol chiquitito. Desde los 17 años que empecé a hacer caracterizaciones. Me gusta estar en la cuerda floja, en el equilibrio, frente a un público. Es como estar en un trapecio sin mallas y esa adrenalina es fantástica. Recibir el olfato del público es maravilloso.

-¿Quiénes eran sus modelos en esa época?

Bélgica Castro, Silvia Piñeiro, Ana González y Marés González. De la que más creo que aprendí fue de la Bélgica, porque desde que empecé que ella se fijó en mi trabajo y habló con mis maestros. De ella aprendo cada vez que la veo en escena y en cine. Me conmovió “Gatos viejos” (2010). De ella y Alejandro Sieveking es de los que más he aprendido, junto con directores como Fernando González, Fernando Colina y Eugenio Dittborn. En 1970 hicimos “Antígona” con Víctor Jara, en el Teatro de la Católica, que ahora es el Teatro Camilo Henríquez, en Amunátegui. Era el Teuc, el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica.

-¿Cómo era trabajar con Víctor Jara?

Un placer, lo pasaba muy bien. Era muy exigente y lo que nos unía mucho era que tenía un gran sentido del humor. Como llegábamos muy temprano, me decía “estoy haciendo esto, qué te parece”. Así conocí la “Plegaria del labrador”, antes de que la conociera otra gente.

Ana Reeves premiando a las nuevas generaciones durante la décima versión del Concurso de Dramaturgia y Puesta en Escena de UNIACC, en 2012.

-¿Diría que existe mucha diferencia entre trabajar para teatro, cine o televisión?

A mí me gusta actuar, me gusta hacer televisión, me gusta hacer cine y me gusta hacer teatro. Aunque el pulso que tiene el teatro, comparado con la televisión, es infinitamente más profundo, más serio, más sólido. El armado de un personaje es más complejo.

-¿Cómo aconseja a los alumnos que estudian teatro pensando sólo en la televisión?

Apenas los chicos llegan a la Escuela les digo: “Si usted vino acá para ser famoso, váyase, porque para ser famoso no necesita estudiar. Si usted quiere ser actor o actriz, venga y prepárese”. Es muy distinto estudiar para querer salir en la tapa de una revista, a querer estudiar para ser un artista.

-¿Cómo ayuda viajar a la formación de un actor y actriz?

Así entiendes que existen otras realidades. Esas otras realidades existen con otros tiempos y otras costumbres. Cuando viajan les digo “métanse en los mercados, cementerios e iglesias de todo tipo”. Ahí tienes arquitectura, estética, iconografía, las costumbres, olores y sabores, el culto y el rito.

-¿Cuáles son sus obras favoritas entre en las que ha participado?

Una que hice con Maria Cánepa, “Buenas noches, mamá”. Es una obra muy profunda, un gran drama entre una madre y una hija, es realismo puro y requirió un trabajo de estudio de personaje muy profundo. Yo hice la hija, si lo hiciera ahora sería la madre (risas), lo que no es malo, porque podría llegar a hacerlo. Otra obra que fue muy difícil de hacer fue “La Celestina”, con Bélgica Castro y muy bien dirigida por Gustavo Meza. Otra obra que era muy difícil de hacer fue “Mama Rosa” de Fernando Debesa, en el Teatro Nacional. Yo hice de Leonor y la protagonista era Nelly Meruane.

-Pensando en los jóvenes, ¿cuál es la importancia de conocer el teatro?

En este momento, el único referente que tienen los chicos es la estupidez de la televisión. Necesitas saber cuál es tu historia, de dónde vienes, quién eres, quién hizo qué y cómo se atrevió a hacerlo. La función del teatro siempre ha sido de misión social, que el hombre vea las conductas humanas para reflejarse, reflexionar, o para alejarse reflexionando. Para mí, el teatro es la vida, el oxígeno, la sangre que corre por las venas.

Por Marcelo Cid C. – UNIACC.