Gustavo Graef Marino, cineasta: “La universidad tiene que ser una formación integral”

Septiembre 16, 2013 12:27 am Por
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“El estudiante tiene que ser alguien que se represente a sí mismo y ojalá también a la universidad de una manera correcta” asegura el jefe académico de las especialidades de Cine y Televisión de Comunicación Audiovisual de UNIACC, Gustavo Graef Marino.

El director, guionista y productor de cine y televisión, ha desarrollado su carrera profesional en Chile, Alemania y Estados Unidos. Con Johnny 100 Pesos -estrenada en 1993- postuló por Chile a la nominación al premio Oscar en la categoría Mejor Película Extranjera, al igual que en los Premios Goya, en España.

En 2008, el director obtuvo el premio Altazor por el telefilm Balmaceda, para luego dirigir Prat, que obtuvo el más alto rating de la serie “Héroes Bicentenario” de Canal 13.  En 2012, dirigió la serie histórica de 10 capítulos, Cobre. Ésta fue premiada con fondos del Consejo Nacional de Televisión, como proyecto de calidad.

En UNIACC, dentro de los Talleres de Introducción Profesional que ofreció la Universidad entre el 28 de agosto y el 12 de septiembre, el realizador efectuó las conferencias “Desde el guión a la pantalla – ¿Cómo digo qué a quién?”, al igual que la exposición “Una idea llega a la pantalla – El creador audiovisual”.

De igual manera, en el Colegio Concepción, situado en la VIII Región, el realizador y académico expuso recientemente sus ideas a los estudiantes de cuarto medio de dicho establecimiento educativo. En la ocasión, además, el realizador autografió su cinta Johnny 100 Pesos para la biblioteca del colegio, cinta que hoy es parte del material didáctico de la mencionada institución.

-¿Cuándo empezó su inquietud por contar historias a través del cine?

En el colegio, a los 15 o 16 años. El puntapié inicial fue una cámara súper 8, que mi madre me trajo de Alemania. A pesar de haber tenido en el colegio cierto interés en las artes, esa cámara abrió para mí un mundo inesperado y nuevo, absolutamente fascinante. Comencé a hacer ensayos chiquitos, las típicas películas de familia. Eso se fue transformando y empecé a dirigir, sin darme cuenta.

-¿Cuándo y cómo eso se transformó en una profesión?

Estuve en la Universidad Católica dos años estudiando Derecho. En el mismo Campus Oriente funcionaba al lado la hoy -y en aquel tiempo- muy prestigiosa Escuela de Artes de la Comunicación, la EAC, que era la Escuela de Teatro, Cine y Televisión. Eso provocó que finalmente me cambiara de carrera dentro de la misma universidad. Tuve colegas como Ricardo Larraín, director de La Frontera, Vicente Sabatini, el director de TV Ricardo Vicuña –profesor de nuestra Universidad-  y también actores que hoy están muy activos, como Cristián Campos, todos compañeros míos de aquel tiempo. Ahí -estoy hablando de 1976- esto se transforma, deja de ser un hobby y pasa a ser mi futura profesión, que hasta hoy no he dejado.

-¿Qué pasó después de terminar de estudiar en la EAC?

Me fui a Alemania, donde estaba la más prestigiosa escuela de cine de aquellos tiempos en Europa, la Universidad del Cine y la Televisión (Hochschule für Film und Fernsehen, HFF). De ahí habían salido cineastas como Wim Wenders y, más recientemente Roland Emmerich, compañero de curso, había cineastas como Werner Herzog, y Rainer Werner Fassbinder, con los cuales realizábamos talleres y con quienes tuve la oportunidad de estudiar y trabajar.

-¿Cómo fue postular a esa institución?

Se presentaban alrededor de 500 personas y quedamos 14. La selección duró, aproximadamente, seis meses. Había que hacer trabajos prácticos, escribir ensayos, pasar por entrevistas, etcétera. Me aceptaron, me quedé a estudiar cine y tuve mi licenciatura -igual que acá- en Comunicación Audiovisual, con mención en Dirección, Producción y Guion de Cine. En 1981 hice mi proyecto de egreso -un mediometraje de una hora- y terminé de trabajar y de estudiar en la universidad.

-¿Qué importancia asigna al complemento académico en la formación como cineasta o audiovisual?

Estudiar en Alemania para mí fue una experiencia maravillosa, espectacular, posiblemente la mejor y más enriquecedora que haya tenido en términos  de estudiante. Hoy no podría considerar todo lo que he hecho y lo que hago y espero seguir haciendo sin aquella formación universitaria, porque organizó mi proceso cognitivo. Igual que aquí, hay profesores, hay métodos de enseñanza y aprendizaje, hay programas de estudio, hay talleres. Lo que hacemos en UNIACC es lo mismo allá. Cuando en mi oficina entra un alumno, inmediatamente me trasporto a X años atrás, cuando yo era estudiante y golpeaba la puerta del que era el director de mi escuela. Conozco muy bien esa sensación de recibir un consejo y una guía.

-¿Cómo es hoy su relación con los estudiantes?

Tomo muy en serio el trabajo de escuchar y conversar con los alumnos. Las cosas que son posibles trato de hacerlas, no estoy aquí para ser piedra de tope, estoy para ayudar realizar cosas, películas y programas de TV. Pero cuando es no, también es no. Eso es algo que aprendí y que creo transmitir de una forma justa y, por supuesto, con argumentos. Me he dado cuenta de que los alumnos han cambiado. Hoy no son los mismos a los cuales les di clases en 2010, por ejemplo. Creo que todo este movimiento estudiantil ha provocado un cambio en el estudiantado en el país, de hecho, está instalado en la agenda social y política en las próximas elecciones presidenciales y en todos los programas de gobierno, y no hay manera de sacarlo. No siempre, pero a menudo, ellos tienen mucha razón. Uno tiene que escucharlos y ver la manera de poder llegar a puerto con aquello que quiere realizar.

-En su visión, ¿cuáles son los derechos de los estudiantes?

A tener una buena educación, a conocer sus programas de asignatura, que los programas y los planes de asignatura se cumplan, que los profesores sean idóneos a los contenidos  y que conozcan de la academia. Esto más allá de la parte tecnológica, que es que existan cámaras, luces, salas de post-producción, etcétera. Pero importante también es, en nuestra escuela, que además los profesores tengan una experiencia práctica. Encontrar la mezcla perfecta es muy difícil, pero con trabajo se logra y, cuando funciona, entonces la academia cumple su objetivo de manera integral.

-¿Y cuáles serían, para usted, los deberes de los estudiantes?

Compenetrarse en los programas, cumplir con los requisitos que exige la universidad, atenerse a ciertas reglas que tienen que ver con los protocolos, las que pueden parecer un poco incómodas a veces, pero que son necesarias, porque por eso estamos en una universidad y no en un camping. El alumno tiene que saber que hay ciertas reglas que cumplir como entrega de exámenes, horarios, asistencia a clases y el respeto hacia el profesor, el cuidado de la implementación tecnológica. Esto no significa que yo como estudiante pueda no estar de acuerdo con lo que el profesor está diciendo, hablando o sosteniendo. Incentivo a que mis alumnos digan “profe, disculpe, no estoy de acuerdo”. Eso me parece súper bueno y es muy sano. O, “profe, me parece que tal película es mala”. Me parece estupenda que la encuentren mala, pero a la vez viene la contrapregunta, ¿por qué? “Ah, es que guatea en la mitad”. Eso está bien como primer paso a una crítica, pero nuestra pega está en que a futuro el alumno sepa comprender, analizar y luego argumentar “por qué guatea”.

-En su experiencia, ¿cuál es la importancia de la influencia de la sociedad, de la cultura en general, en la formación artística?

Eso es la diferencia entre una universidad y una no universidad. Además de las perillas y la tecnología, lo que nos interesa a nosotros es que sea una persona que sepa argumentar, escribir, redactar y tener un punto de vista. Partir por el análisis, tener un comentario y luego criticar. La universidad debe apuntar una formación integral. En eso estamos trabajando. A mí me interesa no solamente que de aquí salgan estupendos técnicos, hoy, el alumno de Comunicación Audiovisual de Cine y Televisión de UNIACC tiene que ser, obligadamente, lo más polifuncional posible. Hoy en las producciones de cine y televisión ya no se ocupa alguien para escribir y alguien exclusivamente para dirigir. Muy a menudo los chicos, sobre todo cuando están comenzando en la vida laboral, tienen que saber de muchas materias: de contenidos, de tecnología, de generación de proyectos, de marketing y distribución, en fin. Y ojalá sepan de todo aquello lo mejor posible. ¿Es eso siempre lograble? No. ¿Es muy difícil? Sí. ¿Estamos intentándolo? Sí.

-¿Cuál es el papel de la lectura para un cineasta?

Para mí es  fundamental promoverla. Es decir, a mí no me interesa que salga alguien a trabajar en una productora de cine o en un programa de televisión y llegue el comentario de “este tipo o esta señorita tendrá mucha carrera universitaria, pero no sabe escribir una carta”. Eso no puede ser y nosotros estamos trabajando fuerte en que aquello no ocurra.

-En sus palabras, ¿cuál es la trascendencia que tiene en la formación profesional conocer otros países?

A mí me parece excepcionalmente importante, ojalá todos tuviéramos la oportunidad de viajar y conocer otros mundos. En Alemania me quedé 16 años, porque después de estudiar viví 10 años más allá, en donde me desarrollé como profesional y realicé mi primer largometraje “The voice”. Después volví a Chile, hice “Johnny Cien Pesos” y me fui a Estados Unidos por otros 10 años. Nuestra pasantía de este año en UNIACC la conseguimos con mis contactos en Alemania, en la ciudad de Bremen, para nuestra alumna Emilia Simonetti. Este es un pequeño granito de arena para la vida y la carrera de Emilia, que ojalá se pueda reproducir en otros también.

-Concretamente, ¿cómo beneficiaría al creativo conocer otros contextos?

Uno aprende diferentes culturas, desde las comidas hasta la forma de ser, de pensar, los museos, las obras de teatro y las diferentes formas de ver la vida. Te interesas por temas complemente diferentes de los que, estando en este Chilito lindo tan lejos, ni siquiera nos damos cuenta de que existen. Uno se da cuenta de lo importante que son las cosas en Chile cuando está aquí, pero sales y después de tres días te das cuenta de que lamentablemente, salvo aquellos acontecimientos históricos violentos o grandes, el resto de cosas afuera simplemente no es tan importante, o no es nada de importante. Pero sucede lo mismo al revés y eso a uno lo hace crecer y tener una visión de esta aldea global. Lo hace a uno poder relacionarse con gente, con culturas. La tolerancia yo creo que es algo que uno lo aprende, nos hace ser más pacientes, saber escuchar, el comprender que no siempre todo es blanco o negro, de que a veces los grises no  son lo peor, de que hay diferentes maneras de ver la vida y de enfrentarse a ella. En el Chile de hace 30 o 40 años atrás, uno veía a un extranjero y era raro: hoy es raro no ver extranjeros en Chile.

-Guillermo Söhrens, estudiante de UNIACC, recientemente estrenó el documental “El desalojo”, por YouTube. ¿Qué piensa de este tipo de iniciativas?

Me parecen espectaculares. Guillermo siempre fue uno de los grandes alumnos que tuve. Habla muy poco, incluso había momentos en que casi con tirabuzón había que sacarle alguna respuesta, pero cuando hablaba decía cosas que hacían mucho sentido y que a uno le daban la sensación de que allí había un cineasta que iba a llegar muy lejos. La prueba está que después de haber egresado de Cine, se quedó en Guiones, porque tuvo la sensación de que necesitaba saber más, no solamente de la técnica, sino que quizás, para ponerlo de una manera que puede sonar un poco siútica, saber más del alma humana, la que uno nunca terminará de conocer.

-¿Qué piensa del aprendizaje asumido como una forma de vida?

El aprendizaje no es estar solamente en la sala de clases. Ese creo que es el puntapié inicial, para crear e incentivar la creatividad en el alumno. En esencia, el tema educativo es una co-producción. No es yo, alumno, me siento, y escucho al profesor decir cosas inteligentes. Esto tiene que funcionar “yo, alumno, que pregunto y soy curioso, trabajo junto al profesor, para que juntos podamos lograr una asignatura que haga sentido”. Ese es el llamado que hay que incentivar. Esa cosa pasiva del estudiante no funciona. No está estrujando académicamente al profesor, a su universidad ni a nadie. El alumno que funciona es el que siempre está inquisitivo, que trata de cambiar las cosas, que ve hasta dónde empujar los límites de la creatividad, de la academia, de la conversación, de la entrevista, entonces es una co-producción. Esto no puede ser considerado un partido de tenis donde hay un solo personaje jugando.

-Esa es la educación con los criterios del siglo XIX…

En el colegio, el profesor dicta una cátedra en la que habla, habla y habla, con mínimo derecho a rebatir. Yo incentivo en la clase el diálogo. No sé si eso aplica en la escuela de ingeniería, donde uno estudia física cuántica, pero a mí sí me parece que en una universidad, que tiene que ver con la comunicación, si uno no se comunica, es decir, el partido de tenis ida y vuelta, los conocimientos que va a recibir el alumno serán la mitad de lo que podría recibir si efectivamente él o ella fuera una persona que considera esto un logro en común. Es lo que estoy incentivando. Poder aceptar la crítica, en que yo, profesor, reconozco que me equivoqué, cuando alumno X me dice “este es el proyecto que yo quiero hacer”. Yo le digo “yo creo que esa es una idea débil, porque ese proyecto no tiene, por ejemplo, un personaje protagónico interesante”. Pero el alumno “porfiado” hace la película igual y el personaje protagónico es excepcionalmente envolvente, y el profesor debe reconocer al final que la película es espectacular. Eso es academia viva.

-El 9 de noviembre UNIACC tendrá una nueva versión de la Beca Talento Joven. ¿Cuál es su consejo para alguien que le diga “quiero ser director de cine”?

Nadie en el mundo a uno lo empuja a ser director de cine, o dedicarse a la comunicación audiovisual, en general. A uno lo pueden empujar a estudiar odontología, derecho, obstetricia, enfermería, pero nadie te empuja a ser director de cine o realizador/a de televisión. A aquellos que quisieran venir a la universidad, la primera pregunta que les haría el primer día de clases sería “por qué quieres estudiar cine”. Y la respuesta al principio va a ser seguramente algo como “porque me gusta”. Yo espero que, después de cuatro años, aquel “porque me gusta” tenga un tremendo apellido hacia atrás. Si uno quiere estudiar comunicación audiovisual, en cualquiera de sus ámbitos, tiene que saber por qué, o tener una sensación muy fuerte, muy potente que no hay ninguna otra cosa que se quiera hacer. Entonces, la tarea nuestra es enseñarle al  alumno a definir por qué ese amor se puede transformar en una forma de vida.

Esto de ser gente de cine o de televisión es muy difícil, pero es tremendamente fascinante. Yo creo que en la mezcla de tener realmente las ganas de hacer de esto una forma de vida, es fundamental para lograr objetivos que a uno lo dejen feliz, en términos de las obras que uno realiza. Importante es también aquello de la empleabilidad, que es algo que estoy siempre recordándoles a mis profesores y a mis alumnos. Es fundamental, porque no sólo necesitamos sacar grandes artistas, sino que idealmente grandes artistas que puedan vivir muy bien de lo que hacen.

-¿Hubo alguna experiencia profesional que lo impactara, respecto de la formación que recibió como alumno?

Cuando llegué a estudiar en la Universidad en Alemania, en las primeras clases me di cuenta de que aquello que había aprendido en Chile era casi tan bueno como allá. Esa es una experiencia que me despertó que,  no por estar en nuestro país, lejos de Europa o Estados Unidos,  tenemos que tener una educación no acorde con la que se da en el supuesto primer mundo. Es un trabajo, largo, grande, es difícil, pero es lograble y es algo a lo que yo quisiera aportar, con un granito de arena, desde la posición en la que estoy en UNIACC.

 Por Marcelo Cid – Universidad UNIACC.