Tomás Alzamora, director de cine y egresado de UNIACC: “Debemos ser fieles a nuestros valores y no corrompernos”

Noviembre 30, 2016 1:21 pm Por Deja tus comentarios
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“Creo que lo más lindo es que la película fue gestada con mis compañeros de la universidad y que fue nuestro proyecto de tesis. Primero con Michelle Mege, Pablo Calisto y Guillermo Pacheco, y luego fuimos sumando a más amigos (…) es increíble”, expresa el egresado de UNIACC, Tomás Alzamora, director de “La mentirita blanca”.

El Programa de Fomento BancoEstado al Cine Chileno incluyó entre sus reconocimientos a dos obras desarrolladas por egresados de la Universidad: “Sin chapa, Adriana”, documental dirigido por la exponente de Guiones, Lissette Orozco; y “La mentirita blanca”, dirigida por Alzamora, egresado de la especialidad de Cine de Comunicación Audiovisual.

El objetivo de la iniciativa del banco es apoyar financieramente producciones audiovisuales realizadas de forma independiente o bien dentro de la industria del cine. En visión de Alzamora, este reconocimiento “nos ayudará mucho para la distribución”.

“La mentirita blanca”, comedia protagonizada por Rodrigo Salinas y Catalina Saavedra, es el debut como director cinematográfico del exponente de UNIACC. La producción ejecutiva es de Pablo Calisto y la dirección de arte de Michelle Mege, también egresados de la especialidad de Cine de la Universidad.

“La peli tiene mucho amor y amistad. Con mis compañeros también formamos nuestra propia productora de cine, llamada Equeco, con la cual ya estamos trabajando dos nuevos largometrajes, participando en festivales, laboratorios, mercados, entre otros”, comparte el realizador.

La película se grabó en la comuna de San Carlos, en la Región del Biobío, en marzo de 2016. Alzamora también proviene de la mencionada comuna.

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El director explica que “acabamos de firmar con nuestra distribuidora Storyboard Media, los  que llevan más de 10 años trabajando en la industria cinematográfica de nuestro país. Estamos felices, porque ellos serán los encargados de llevar la película a salas comerciales y salas alternativas de todo el país, donde el estreno está previsto para el 1 de junio de 2017”.

“Quiero agradecer a todos los que han puesto su granito de arena a este proyecto. Llevamos varios años trabajando y ya estamos cada vez más cerca de llegar a la pantalla grande y eso es gracias a todos, a cientos de personas que están remando junto a nosotros”, remarca Alzamora.

-¿Cuál es el mensaje que quieres plasmar con esta película?

¡Úfale! Los mensajes son muchos. Al ser mi primera película, creo que escribí todo lo que pienso y siento de este momento que estamos viviendo (…) en general, lo que engloba a todas estas anécdotas, personajes y situaciones, es que nos invitan a ser buenas personas.  Al final del día, a pesar de las tentaciones y dificultades, debemos ser fieles a nuestros valores y no corrompernos. Hacer un mundo mejor, porque está todo muy feíto.

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-¿Cuál es el momento que recuerdas con mayor emoción o alegría del rodaje y por qué?

No sé si será lo más alegre, pero sí lo que más me marcó. Estábamos filmando una escena con alguien que no era actor, un campesino, un caballero de unos sesenta y tantos años. En la escena, él tenía un accidente y, cuando lo encontraban, debía ir reaccionando de a poco y sentir mucho dolor. El campesino estaba boca abajo y los protagonistas entran a recogerlo; lo sientan, y el caballero, muy afligido, comienza a sobarse el pechito y empezó con un problema de respiración. La escena estaba saliendo increíble, la actuación era fenomenal, pero el caballero llevaba como 40 segundos quejándose en la escena y se estaba alargando demasiado. Como eso me complicaba para usarla en el montaje, grité corte. Los protagonistas abandonaron la acción y el caballero seguía con dolor de pecho, sin poder respirar. En ese momento, todos quedaron en silencio. El caballero seguía sentado en el suelo, con los ojos cerrados y muy afligido.

Ahí note algo raro. “Pre-infarto”, pensé (…) me acerqué y él seguía con los ojos cerrados, quejándose. Ahí empecé a masajearle el pecho (…) el resto del equipo todos en silencio, asustados, unos partieron corriendo a buscar agua, yo pensaba “esto no está bien, se fue todo a la B” (…) y él seguía con los ojos cerrados intentando respirar. Me empecé a poner un poquito más histérico, ya que no me respondía, y le empecé a gritar: “¡Ya, pueh! ¡Dígame qué le pasa! ¡Dónde le duele!”. Y, de repente, el caballero abre los ojos y me dice “¡Pero, si estoy actuando, pueh! ¡Qué le pasa!”. Nunca le expliqué que cuando uno decía “Corte”, se debía dejar de actuar.

Fotografías: cortesía de Tomás Alzamora.

Universidad UNIACC