Estudiantes de Danza y Coreografía de Universidad UNIACC triunfaron en competencia nacional de ballroom

La actividad, organizada por la Federación Deportiva Nacional de Baile Deportivo, se efectuó el 8 de julio, en el Gimnasio Municipal de Macul. En ésta, alumnos de tercer y cuarto año de la carrera, en representación del Club Deportivo Armonía, obtuvieron distintos reconocimientos, entre ellos, el primer lugar en la categoría Ladies, reconocimiento obtenido por 16 estudiantes.

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Lo que más aprendimos, enfocándonos en la competencia, fue a bailar y a disfrutarlo. La mejor paga no fue ganar, sino ver aplaudir a la gente, que explotó de felicidad”, remarca el alumno de Danza y Coreografía, Gabriel González, uno de los triunfadores en la “Segunda Competencia de Ballroom Danza a Nivel Nacional”.

Además, en la categoría Estándar, Paulina Aguilar y Sergio Contreras se adjudicaron el primer lugar, seguidos por Gabriel González  y Macarena Monge, mientras que la tercera posición fue para Salomón Panozo y Constanza Ramírez.

Igualmente, en la categoría Latino, los vencedores fueron Macarena Monge y Gabriel González, en tanto que el segundo lugar fue para Constanza  Ramírez y Salomón Panozo, cerrando el podio la pareja compuesta por Paula Aguilar y Sergio Contreras.

Para González, el máximo aprendizaje fue aprender “a bailar, disfrutar, y a entregar lo que nos gusta hacer, porque cuando uno siente y disfruta la danza, baila mejor”.

El grupo de estudiantes fue invitado a participar en la competencia –de manera extracurricular- por la docente de la carrera, Tamara Kiriyak, quien además es la gestora del Club Deportivo Armonía.

Hay que dar gracias a la maestra porque ella nos incentivó y nos motivó. Nosotros somos los representantes de su trabajo”, enfatiza González.

Kiriyak, quien es la responsable de las tres asignaturas de Ballroom en la carrera, destaca que este tipo de certámenes “son una instancia en la que los alumnos pueden hacerse ver. Hoy muchos,por haber participado exitosamente en campeonatos, ya trabajan. Así ellos, con sus medallas, trofeos y fotografías, tienen más credibilidad para poder postular a un trabajo, por lo que este tipo de actividades están bien”.

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La coreógrafa, de origen moldavo, organizó en 2001 el Primer Seminario en Chile de Danza de Salón Competitiva. En 1975, obtuvo el Primer premio del Concurso Republicano de Composiciones Escenográficas en Moldavia.

En esta ocasión, Kiriyak remarca que los alumnos “lo hicieron con gran esfuerzo y mucho amor, y eso se notaba. Son niños muy respetuosos y eso una maestra lo agradece (…) Si bien en la sala de clases nos preocupamos de la técnica, que es lo más específico, en estos casos ellos le dieron sentido a todo eso. Dar sentido a una técnica es ser artista. La técnica se puede enseñar, pero ser artista viene de uno mismo y yo no lo puedo enseñar. Son ellos quienes descubren esa parte artística, que es lo que espera el público”.

Para Paula Aguilar, primer lugar en la categoría Estándar junto a Sergio Contreras, lo más importante de la experiencia es el aprendizaje: “Uno tiene que ser lo suficientemente maduro, disciplinado y respetuoso con la maestra, para poner en práctica todo lo que ella nos enseña. Tenemos que ser como unas esponjitas con todo lo que nos entrega”.

Sabíamos que estaba reviviendo un club que había sido importante, como Armonía. Para nosotros es gratificante ver que lo hicimos bien y que todo el esfuerzo trajo su recompensa”, remarca Aguilar.

Sergio Contreras, alumno de cuarto año de la carrera, comparte que “nunca había participado en una competencia y lo que más rescato es la adrenalina de querer bailar y de querer dándolo todo. Es muy diferente a la sensación que se tiene dentro de una sala. Uno quiere solamente disfrutarlo y que la gente también lo haga”.

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De izquierda a derecha: Macarena Álvarez, Gabriel González, Constanza Ramírez, Tamara Kiriyak, Paula Aguilar y Sergio Contreras.

En tanto, Constanza Ramírez, también estudiante de cuarto año, afirma que con la competencia “aprendimos a ser constantes. La última semana entrenamos todos  los días, y el último día entrenamos como cinco horas, como si fuera la competencia real”.

Para Macarena Álvarez, lo más valioso de la experiencia “es la oportunidad que nos da la maestra de poder desarrollarnos afuera. Si bien venimos a bailar todos los días distintos estilos y técnicas, ella con esto nos permite ir más allá y sacarnos de la sala de clases, para así salir al mundo y ver qué es lo que podemos hacer”.

Álvarez también destaca que “somos un grupo que salimos adelante como equipo, aunque se compita en parejas. Uno pasa de todo: momentos de risa y momentos de estrés, pero finalmente llegamos a la competencia y amamos lo que estamos haciendo”.

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