01 de septiembre 2026

Estudio de académicos UNIACC propone modelo para medir el valor de la sostenibilidad

Un estudio que tiene como autor al académico de la Escuela de Negocios Patricio Gajardo y couautor al decano de la Facultad de Negocios y Tecnología, Erik Escalona analiza la evolución del reporte de sostenibilidad en empresas chilenas de recursos naturales y energía y propone el modelo MSRE, una arquitectura conceptual que identifica cuatro vías mediante las cuales las prácticas sostenibles podrían generar valor económico, especialmente en la minería del cobre.

Sostenibilidad gana peso en empresas chilenas

La sostenibilidad en empresas chilenas está adquiriendo un peso creciente en la forma en que las organizaciones reportan sus impactos y gestionan sus riesgos. Esta evolución es especialmente relevante para sectores como los recursos naturales, la energía y la minería, donde factores como el uso del agua, las emisiones, la seguridad laboral y la relación con las comunidades pueden tener consecuencias sobre la continuidad de las operaciones y el acceso al financiamiento.

Esta transformación es analizada en el artículo “Reporte de sostenibilidad ESG-SASB y rentabilidad en empresas chilenas de recursos naturales y energía: evidencia descriptiva y el modelo conceptual MSRE”, publicado en 2026 en la Revista de Investigación Aplicada en Ciencias Empresariales. El trabajo fue desarrollado por Patricio Gajardo, académico de la Escuela de Negocios de Universidad UNIACC, y Erik Escalona, decano de la Facultad de Negocios y Tecnología de Universidad UNIACC.

El estudio analiza información de empresas reguladas por la Comisión para el Mercado Financiero (CMF) y observa la evolución del reporte de indicadores de sostenibilidad bajo estándares SASB. Estos indicadores consideran dimensiones ESG —ambientales, sociales y de gobernanza—, que permiten conocer cómo las empresas gestionan aspectos como el consumo de agua, las emisiones, la seguridad laboral y la composición de sus órganos de administración.

Entre 2022 y 2023, por ejemplo, el número de empresas que reportaban sus incidentes laborales aumentó 308%, mientras que aquellas que reportaban el consumo de agua crecieron 154,2%. También aumentó el reporte sobre las emisiones contaminantes, con un alza de 165,2%.

Más información de sostenibilidad y una mayor rentabilidad

El análisis también identifica un aumento de la rentabilidad promedio de las empresas consideradas en el estudio. Esta pasó de 29,50% en 2021 a 32,79% en 2022 y a 34,18% en 2023, acumulando un incremento de 4,68 puntos porcentuales.

La coincidencia temporal entre ambas tendencias constituye uno de los puntos de partida de la investigación. Sin embargo, los autores son enfáticos en señalar que estos datos no permiten afirmar que la sostenibilidad haya provocado el aumento de la rentabilidad. El estudio tiene un carácter descriptivo y no incorpora modelos de regresión, coeficientes de correlación ni pruebas de significancia estadística. Además, el período analizado coincide con un ciclo favorable de precios del cobre y otros commodities, lo que dificulta aislar los efectos de la sostenibilidad.

Patricio Gajardo Bagnara, sostuvo en este sentido que “los datos muestran una coincidencia temporal entre una mayor incorporación del reporte de sostenibilidad y un aumento de la rentabilidad promedio de las empresas analizadas. No podemos afirmar causalidad a partir de este estudio, pero sí identificar una pregunta relevante: de qué manera una estrategia de sostenibilidad puede transformarse en una fuente de creación de valor para las empresas.”

Un modelo para entender cómo la sostenibilidad podría generar valor

A partir de esta pregunta, el artículo propone el modelo MSRE, Sostenibilidad y Rentabilidad en Recursos Naturales y Energía, una arquitectura conceptual que busca ordenar las distintas vías mediante las cuales una inversión sostenible podría generar valor.

El modelo identifica cuatro canales principales.

El primero es la reducción del costo de capital mediante financiamiento verde. Una empresa con un desempeño ESG sólido podría acceder a instrumentos financieros destinados a proyectos sostenibles y obtener mejores condiciones de financiamiento.

El estudio utiliza como ejemplo el denominado greenium, diferencial de tasa entre bonos verdes y convencionales. Sobre parámetros de mercado publicados, los autores estiman de manera ilustrativa que un diferencial de 10 puntos básicos aplicado a una empresa hipotética con USD 3.000 millones de deuda representaría un ahorro de USD 3 millones anuales. El propio artículo aclara que esta cifra no corresponde a una empresa minera chilena específica.

El segundo canal corresponde a la mitigación de riesgos operativos y regulatorios. La gestión de aspectos como el agua, las emisiones o la transición energética podría contribuir a reducir determinados riesgos para las compañías. El tercero se relaciona con la licencia social para operar, considerando que una adecuada relación con las comunidades podría disminuir conflictos, paralizaciones y retrasos. El cuarto apunta a la diferenciación de productos mediante trazabilidad ESG, especialmente a través del concepto de “cobre verde”.

El agua como variable ambiental y financiera

Uno de los elementos que adquiere especial relevancia en el estudio es la gestión hídrica. Entre 2022 y 2023, el número de empresas que reportaron indicadores de consumo de agua aumentó 154,2%. Los autores destacan que esta dimensión resulta particularmente relevante para la minería del cobre, debido a que las operaciones del norte de Chile se desarrollan mayoritariamente en zonas con alto o extremo estrés hídrico.

Desde la perspectiva del modelo MSRE, el agua no es solamente una variable ambiental. Su gestión puede relacionarse con riesgos operacionales, regulatorios y comunitarios, por lo que podría adquirir también una dimensión económica para las empresas.

Del cobre tradicional al “cobre verde”

Chile produce aproximadamente el 27% del cobre mundial, mientras que la demanda del mineral está estrechamente vinculada con la electrificación, las energías renovables y las redes eléctricas. El estudio plantea que los compradores internacionales enfrentan una presión creciente para conocer las condiciones ambientales y sociales de sus cadenas de suministro.

En este escenario, el concepto de “cobre verde” aparece como una posibilidad de diferenciación: cobre producido con menores emisiones, gestión responsable del agua, seguridad laboral y gobernanza transparente. El artículo plantea que esta dimensión podría convertirse, a futuro, no solo en un atributo diferenciador, sino eventualmente en una condición para acceder a determinados mercados.

Gajardo, agregó que “la sostenibilidad puede ser entendida también como una variable económica. En sectores como la minería, gestionar adecuadamente el agua, reducir riesgos, fortalecer la relación con las comunidades o avanzar en trazabilidad puede tener implicancias sobre el financiamiento, la continuidad operacional y el acceso a mercados. El desafío ahora es medir empíricamente cuánto valor genera cada uno de esos canales.”

El aporte principal del trabajo es, precisamente, proponer un marco que permita avanzar en esa medición. El modelo MSRE todavía requiere validación empírica: mientras el canal asociado al costo de capital cuenta con una estimación ilustrativa, los otros tres —riesgos, licencia social y diferenciación de producto— quedan planteados como hipótesis conceptuales para futuras investigaciones.

De esta manera, la investigación abre una línea para estudiar la sostenibilidad no solo como una exigencia de reporte o una dimensión ambiental, sino también como un posible componente de la estrategia empresarial y de la creación de valor en sectores relevantes para la economía chilena.

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