Jesús Urqueta, profesor

Este miércoles 11 se celebra el Día del Teatro, fecha siempre importante para nuestra Universidad, y, en especial, para la Escuela de Teatro, la que en esta oportunidad tiene preparada una jornada de actividades entre las que destaca el conversatorio “Construyendo nuestros sueños: Actores/Actrices en la gestión artística”, y la presentación de siete obras realizadas por alumnos y dirigidas por docentes de la carrera.

Uno de los profesores que estará participando del conversatorio es Jesús Urqueta, reputado actor y director teatral, quien ha enfocado su trabajo en temáticas y acontecimientos políticos sucedidos en los últimos 40 años, además de ser reconocido por sus trabajos como director independiente en obras como “Taská” (2013), “Prefiero que me coman los perros” (2017), “Cuestión de principios” (2018) y “Arpeggione” (2018), por la que recibió el reconocimiento a Mejor Dirección Teatral del Círculo de Críticos de Arte.

A propósito del Día del Teatro en Universidad UNIACC, Urqueta señala que “encuentro que toda conmemoración tiene que ver con ejercer el derecho a la memoria, llámese Día del Teatro o Día del Patrimonio, y desde ese lugar uno mira hacia atrás y ve cómo se está hoy día para proyectar un futuro. Ese ejercicio es súper importante, y cada vez que viene el Día del Teatro es hacer memoria constante. Eso es algo político en el sentido que se interponen puntos de vista, y por eso es muy importante que se conmemore con todo el esfuerzo que se hace, porque finalmente da sus frutos y se instala la memoria. Los jóvenes tienen que mirar para atrás”.

¿Cree que existe un sentido crítico de parte del estudiantado de Teatro para mirar hacia atrás?
“Ahí lo interesante es el diálogo, porque los profesores de la Escuela de Teatro somos de muchas generaciones. Algunos fuimos alumnos de unos y profesores de otros, y en ese sentido la transgeneracionalidad es importante y los cabros siento que van tomando consciencia de esto a medida que van pasando los años. En primer año son mucho más de la inmediatez, pero creo que a la medida que van avanzando en la Escuela van alcanzando esa madurez, entendiendo que el presente es una consecuencia del pasado, y que la proyección de futuro tiene que ver con el presente”.

Hacer teatro estando presente
Uno de los cambios que se comenzó a vivir a fines del año pasado, pero que se ha cimentado durante este semestre es el regreso de las clases presenciales, algo sumamente importante para el alumnado de Teatro. Para el director teatral y académico este retorno “ha sido necesario sobre todo para la salud mental del estudiante y de uno también, pero además para entender el teatro in situ, ya que es muy distinto haber aprendido la actuación desde sus casas a vivirla sobre el escenario. Yo he visto al curso que enseño de cuarto año muy activo, muy interesado y muy participativo. Antes de la pandemia y el estallido social yo los veía mucho más dispersos, pero ahora tienen mucho más la necesidad de crear y los veo más enfocados en la creación en el teatro que en otras cosas”.

Este año Jesús Urqueta ha dirigido hartas obras como “Pedro, Juan y Diego”, “Junto al lago negro”, “La tranquilidad se apaga con nada” y “Colectivo total e inmediato de una inminente salvación terrestre”, en el GAM, y en agosto estrena en el Teatro UC “El mar en la muralla”, de Luis Alberto Heiremans. Es en ese plano el retorno a la presencialidad “ha sido muy interesante, porque hay mucha avidez del teatro. A veces me preguntaba qué pasaría si no había teatro durante un año, si es que la gente lo extrañaría, y al parecer lo extraña, porque he estado este año en distintas obras y en todas ha habido mucha gente. Esa es una muestra que creemos que la vida avanza tecnológicamente, pero creo que hay una esencia del ser humano que tiene que ver con la presencialidad, los afectos y el estar cerca y conversar en vivo”.

En este escenario, ¿ven tus estudiantes al teatro como una opción laboral o se inclinan más por la televisión?
“Yo creo que cada vez hay más gente que quiere hacer teatro por sobre la tele. En las escuelas de Teatro pasa que la gente piensa más en el teatro, pero cuando entran a la realidad de la vida, comienzan a pensar en la televisión, la que a veces es bien renegada por una cosa de prejuicios. Lo que más me hace sentido a mí, y es algo que le digo a mis estudiantes, es que todas son posibilidades y ellos tienen que entender que están estudiando actuación en Chile, donde no hay un mercado del teatro, y donde finalmente todo es muy autogestionado, sobre todo durante los primeros 10 o 15 años. En mi caso, yo autofinancié mis obras durante mucho tiempo, y recién después de 14 años me gané mi primer Fondart”. 

Eso vuelve a poner el foco en la importancia que da esta Escuela a la autogestión y enseñar del negocio.
“Claro, porque al final de eso se trata. Acá no hay ningún productor que vaya a venir a pedir a alguien para una obra o una película. Por lo general, todos somos lanzados a un mercado que es infiel y bien duro, y donde hay muchas personas que utilizan a los actores para ganar dinero para ellos. El negocio es perverso, y por eso quizás muchos salen poco preparados para tener más resiliencia. Yo creo que uno de los errores más grandes de las escuelas es que cobijan demasiado, pero el cambio al mundo real es duro. Yo siempre les digo a mis estudiantes que tienen que aprender a convivir con que el fracaso y la derrota son una posibilidad. Siempre algo puede no resultar, entonces eso a mí me ha generado el hacer, el estar atento y ponerme en acción para lograr que la gente vaya a mis obras”.

¿Cuál es el estado del teatro chileno en este momento tan particular?
“Siento que el teatro a nivel nacional está muy desprovisto, porque básicamente todo ocurre en Santiago. No hay mucha generación de elencos o posibilidades de trabajo para la gente que vive y hace teatro en regiones, y desde ese lugar hay una carencia y una deuda del Estado, de los empresarios y de los mismos artistas que decidimos estar en la capital. Hay lugares de resistencia como Valparaíso, pero también llega un momento donde los cabros se vienen para Santiago porque la plata no da y por la capacidad de producción que hay”.