Mensajes privados” es la última cinta del realizador nacional Matías Bize, quien se ha hecho conocido por trabajos de alta calidad y aún un mayor grado de intimidad como “Sábado”, “En la cama”, “La vida de los peces”, “Lo bueno de llorar”, “La memoria del agua” y “En tu piel”. Su nuevo trabajo, recientemente estrenado en cines, sigue la misma veta, pero esta vez con la pandemia y el encierro como telón, lo que no solo sirve para la historia, sino que fue central a la hora de producirla, dirigirla y grabarla.

Protagonizada por Blanca Lewin, Nicolás Poblete, Antonia Zegers, Néstor Cantillana, la actriz española Vicenta Ndongo, el español—alemán Alex Brendemühl y Verónica Intile, a la hora de armar “Mensajes privados”, Matías Bize partió sin tener un guión, sino que se basó en historias verídicas que él tenía o que los actores fueron entregando. A la vez, fueron ellos mismos quienes se grabaron con sus teléfonos celulares desde sus casas, estando unos en lugares tan distantes como Chile o España.

Para presentar la película, el director estuvo en UNIACC realizando un visionado con alumnos en el Auditorio, en el que se pasó el filme y luego respondió preguntas de estudiantes de Comunicación Audiovisual, carrera que organizó la actividad. Consultado por cómo fue grabar una película sin guión y lejos de los actores, Matías Bize dice que “‘Mensajes privados’ surgió en el momento más duro de la pandemia, cuando estábamos encerrados y en el fondo lo que yo les planteé a los actores fue que había que mirarse hacia adentro y ver de qué queríamos hablar. Había un requisito formal, que era que ellos mismos se grabaran con sus teléfonos y me interesaba que fuesen historias reales. La película se arma de estos ocho relatos que se van entrecruzando que son en el fondo mensajes privados, en donde se cruza con lo público que es ver la película en las salas de cine. Habla de temas tan variados como el abuso de menores, la violencia intrafamiliar, el rol que se le impone a la mujer, el nacimiento de un hijo y la infidelidad. Varios temas que algunos son tabús, así que el desafío era tocarlos de manera profunda, pero elegante también”.

—En el plano técnico, ¿Cuál fue el desafío de hacerlo de esa forma?

“El desafío era primero era que yo arranqué con una idea de hacer una película sin guion ni estructura de producción. Partí con un llamado telefónico a los actores diciéndoles si querían estar en esta cinta, haciendo un ofrecimiento en donde ellos tenían que confiar, y yo tenía que confiar en ellos porque se grababan solos. Por lo general yo ensayo, preparo, trabajamos el guion, repito mucho las tomas, pero acá hay un ejercicio de confianza porque ellos se grababan solos cuando podían. Luego me mandaban el material y se veía si necesitaban correcciones, pero lo más difícil era confiar, porque a su vez también me estaban entregando cosas privadas. En ese sentido mi misión era hacer la mejor película posible y que ese trabajo funcionara”.

—Aparte que están relevando parte de sus vidas privadas y grabándolas desde sus espacios personales.

“Hay historias dolorosas como el caso que se ha hablado harto como la del Nico Poblete que es una historia de abuso sexual en la que él y su hermana fueron víctimas. Él pone una historia en la película y eso es súper potente porque transforma algo doloroso como esta roca que le toco vivir y la vuelve una flor, convirtiéndolo en algo poético y artístico. Es algo terapéutico para todos, en que estábamos en un momento que la grabación sirvió para escapar de dejar de ver noticias de pandemia, y hacer lo que sabíamos hacer, que es cine como resistencia. También era súper importante que la película tuviera luz, que tuviera algo de esperanza. Por lo general mis películas tienen algo triste y melancólico y esta siento yo que va hacia la luz, que genera un nuevo nacimiento y una nueva esperanza”.

—En ese sentido, es importante que en un período oscuro, tu película orientase hacia la luz.

“Exactamente. Esa fue una de las sensaciones que tuvimos, en que la muerte nos estaba pasando súper cerca. Lo sentíamos. De repente se moría un amigo o no queríamos ver a nuestros padres. Así que desde lo que sabíamos hacer nos pusimos al servicio, porque el arte tiene que ayudar al mundo, una película tiene que al menos aspirar a salvar a la humanidad”.

—Esta es tu sexta película junto a Blanca Lewin. ¿Cómo ha sido este viaje de 23 años trabajando juntos y de qué forma se siguen desafiando?

“Es muy bonito el trabajo con la Blanca con quien vengo trabajando desde que yo tenía 19 años. Hicimos un cortometraje, luego hicimos ‘Sábado’, ‘En la cama’, ‘La vida de los peces’. Siempre fueron películas que iban un paso más allá, en donde había un desafío actoral o donde ella tenía que estar desnuda, por lo que había un ejercicio de confianza y muy sutil. En ese sentido siempre partimos de un muy buen trabajo juntos, en el que a los dos nos gusta mucho prepararnos, somos muy trabajadores, y luego hay una complicidad de que sabemos lo que le gusta y qué le sirve al otro también. Yo no la quiero llamar para hacer lo mismo, sino que quiero desafiarla, y ahora ella se tuvo que grabar a si sola con su teléfono, con una historia y sin guion. En el caso de la historia que ella hace, es real, pero no es su historia, sin embargo, tenía que pasar por ella. Estábamos haciendo una película que tenía mucho de documental, por lo que estaba en ese código”.

—Como bien dices, esta película tiene una línea más difusa entre lo que es realidad y lo que es ficción. ¿Cómo se hace ese juego?

“Es súper bonito como van dialogando las cosas. Me preguntan cuál historia es real o no, y da lo mismo porque en el fondo todo pasaba por esta realidad del momento y me interesaba sentirlo como una confesión, y por eso el título de la película, en donde tú como espectador sientas que te están hablando a ti, y no existe un narrador o un director. Es una película desnuda, sin efectos y con poquita música. Es hacer algo despojado sin artificios, pero que apelaba a que fuese muy potente lo que estaba pasando delante de cámara. Esas historias tenían que conmovernos y emocionarnos, porque efectivamente estaba haciendo una película con la que mi primera misión es que el espectador se emocione, se conmueve y que se lleve algo”.

—Tu primera película la grabaste siendo estudiante de cine. ¿Qué les dirías a los estudiantes de Audiovisual que sueñan con hacer sus propias películas?

“Yo creo que hay que hacer las películas posibles, que son las que uno puede hacer. Este es un ejemplo clarísimo, en donde no se podía ir a comprar y nosotros estábamos filmando una película, pero era la única forma de hacerla, en donde yo estaba en México, actores estaban en España, Chile, Argentina, mi montajista estaba en Chile, pero había un sentimiento en común. Entonces lo primero que yo diría es hacer la película que uno puede hacer, y luego es hacer las películas de verdad. Ser honesto con uno, más allá de hacer la película que le va a gustar a tal espectador o que se va a ganar tal premio. Así yo veo el arte, como un trabajo muy honesto. Para mi la pandemia fue volver a los afectos y era lo que yo necesitaba hacer. Luego espero que la vea mucha gente, que vaya a festivales y que tenga buenas críticas”.

—Qué importante ha sido volver a los afectos y poder mostrar eso desde la producción cultural.

“Era muy duro que no te puedas abrazar o dar un beso. Yo me fui a México y no me despedí de mis papás de un abrazo. Todo lo contrario de lo que debería estar pasando en donde el vuelco debiese ser hacia el amor. Hay una guerra al otro lado del mundo y nos ponemos a dar juicios y criticar, cuando siento que debiese ser todo al revés, desde el amor, desde el entender, desde el qué hacemos con lo que nos pasó. Lo dice el Nico Poblete en uno diálogo de la película: ‘yo no hubiese querido, pero es lo que me tocó’. Entonces, qué hacemos con eso. Creo que es importante darse cuenta y eso tiene que ver con ser más humanos, con ponernos en el lugar del otro. Somos demasiado buenos para juzgar, siendo que siempre hay una historia detrás, un dolor detrás. El mensaje para mí es desde el amor, porque a todos nos va a tocar algo, y en ese sentido la película busca tener un mensaje de luz”.