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Javiera Ortega

“La Mirona” se llama el personaje creado hace casi 10 años por Javiera Ortega Reszczynski. A través de los ojos abiertos de esta ilustración, la licenciada en Filosofía por profesión, pero diseñadora por vocación ha ido retratando lo que ocurre en el acontecer nacional, sorprendiendo no solo a los lectores, sino así misma en el camino.

Si algo marcó la vida de Javiera Ortega fueron los seis años y medio que vivió en la ciudad de Chicago, en el Midwest estadounidense. Fue a orillas del lago Michigan, en la famosa “Ciudad del viento”, que dio sus primeras andanzas en la ilustración, mientras estudiaba y trabajaba en el mundo del cine digital, especialmente en documentales. Tras esos años recorriendo las calles que hiciesen famosos a Al Capone y Michael Jordan, fue naciendo “La Mirona”, la que tomaría más forma una vez que ella regresase a Chile a comienzos de 2013.

No pasaría mucho tiempo para que comenzase a darle todo su esfuerzo al diseño, primero a su personaje y luego como diseñadora editorial en medios como “Las Últimas Noticias”, “El Desconcierto” y “The Clinic”. Al mismo tiempo se dedicaba a hacer clases, algo que permanecería haciendo hasta su nombramiento como Directora interina de Diseño de Universidad UNIACC, la que incluye las carreras de Diseño Gráfico especialidad Multimedia, Diseño de Interiores y Ambiente y Diseño de Imagen especialidad Moda. La además autora del libro “El oasis de Latinoamérica”, repasa parte de su carrera y los desafíos que enfrenta el estudiantado de Diseño con miras al presente y el futuro.

¿Cómo nace “La Mirona”?

“Ella nació en los últimos años que viví en Estados Unidos, una vez que decidí que me encantaba el dibujo y el arte. Recuerdo que me encantaba vagar por la ciudad, y caminando me encontré con la palabra en francés ‘Le flaneur’, que significa ‘el ocioso que mira’, que era yo. De ahí me inspiré para ponerle ´La Mirona´, porque me encantaba observar y por otro lado me sentía mirando desde afuera al ser extranjera. También hay un tema con mi feminidad, porque cuando era más joven discutía con mis amigas sobre lo difícil que era ser mirona siendo mujer, porque siempre se te acercaba alguien y te interrumpían. Aún para las mujeres es difícil ir a un lugar a sentarse solas para solo mirar”.

¿Y qué mira “La Mirona” y qué comunica?

“La contingencia. Lo que me apasiona es mirar, contemplar y observar lo que pasa en Chile. Chile es mi barrio, así que leo varios periódicos todos los días y así observo lo que me pasa. También me gusta mucho leer filosofía y soy fanática de Byung-Chul Han y de Humberto Maturana. Me encanta filosofar, entonces analizar la contingencia para mí es un ejercicio que es deporte. Eso lo llevo al iPad para dibujar”.

¿Cómo eso se traduce en el diseño y en la forma de enseñarlo a tu alumnado?

“Un buen diseñador lo es las 24 horas y los mejores diseñadores también son artistas, en el sentido que no solo proponen soluciones, sino que también plantean preguntas. Para poder plantearse buenas preguntas, hay que darse el tiempo para reflexionar, pensar las cosas y estudiar. En ese sentido ser observador es crucial para llegar a las ideas y proponer. También hay que estar conectado con el medio, porque el diseñador está conectado con la vida, porque en todos sus ámbitos hay una solución de diseño, por eso hay que vivir la vida, caminar por las calles, leer los diarios, saber qué pasa, viajar, conocer a las personas, enfrentarse a puntos de vista distintos al tuyo, no arrancar o cancelar a cualquiera porque piensa diferente, confrontar con respeto. Por lo mismo es necesario salirse de redes sociales cuando es necesario y vivir la vida de verdad. Todo eso es muy importante para un diseñador”.

En ese sentido no solo es importante quedarse con el aprendizaje de la forma, sino que es necesario ir al fondo de la profesión.

“Una cosa es mirar y la otra es contemplar. Uno puede mirar sin retener, como pasa cuando miramos televisión que no es pensar. Contemplar algo con tiempo es estar presente y tener tu atención puesta en la otra persona o situación. Para aprender esto hay que primero a aprender a dominar el tiempo, no segándose con las olas de información. Nuestros alumnos deben ser como tenistas que se enfrentan a estas constantes olas de información, en donde aprenden a distinguir y alejar lo que es mentira de lo que es verdad. Para hacer esto la conversación es crucial, porque si no se conversa con ellos no sacamos nada. El diálogo es crucial para la reflexión dentro de la academia. Las alumnas y alumnos deben estar informados para desempeñarse como diseñadores para estar inmersos en lo que pasa”.

El diseñador no solo debe solucionar problemas, sino debe aprender a trabajar en equipo y dar respuesta a las necesidades de otros profesionales. ¿Cómo eso conversa con el concepto que ve al diseñador como artista?

“Está el concepto del artista encapsulado de la realidad, que no es lo que me refiero. Pienso que los artistas hoy deben ser comunicadores, sobre todo los diseñadores. Parte crucial de ser un buen diseñador es ser un buen comunicador. Hace poco una profesora me decía que su alumnado tenía que aprender a trabajar en equipo de mejor forma, porque estaban muy encapsulados con ser los directores o artistas, y ambas llegamos al acuerdo que en las grandes obras nunca hay solo un genio, siempre hay más de uno. Si no fuera por Theo Van Gogh no conoceríamos a Vincent Van Gogh, por lo que sin ese trabajo colaborativo no habríamos conocido al artista, y así pasa con artistas que pareciera encapsulados. En el mundo del diseño las grandes obras también vienen de la colaboración, aunque no parezca. Eso los alumnos lo deben entender, y si hay un objetivo de hacer algo hermoso y solucionarle la vida a las personas, por lo general detrás habrá más de una persona”.

¿Qué desafíos se le presenta al diseño en un mundo donde todo comunica?

“El diseño plantea soluciones creativas, pero es estar ligado al pensamiento artístico lo que crea las mejores preguntas y hace que a la vez se dialogue con la filosofía. Preguntas como ¿cómo ser más humanos y más felices? ¿las máquinas pueden crear? ¿cómo ha cambiado la forma en que vivimos trabajamos juntos? Esas interrogantes abren posibilidades, perspectivas de pensamiento de acción, y son como un puntapié de aquello que da sentido a nuestra sociedad, a nuestras vidas. Por eso los diseñadores, ya sea desde la especialidad, moda o lo multimedia, debemos aprehender el poder de las preguntas”.